Este artículo traza un itinerario práctico para construir un mapa inteligente de España que combine datos abiertos, capas temáticas y analítica ligera. El objetivo es convertir información geográfica dispersa en una vista coherente para decisiones públicas y privadas.

1. Fuentes de datos

Emplea cartografía base de IGN, límites administrativos de la AGE y datos abiertos de portales autonómicos. Complementa con capas de movilidad, meteorología y energía renovable. Prioriza formatos interoperables como GeoJSON y servicios WMS/WMTS.

2. Modelo de capas

Organiza capas por dominios: territorio, población, transporte, turismo y energía. Define estilos consistentes para jerarquía visual, usa simbología perceptible y leyendas breves en español.

3. Limpieza y calidad

Valida proyecciones, normaliza topónimos con reglas de PLN en español y resuelve duplicados. Documenta metadatos mínimos: fuente, fecha, licencia y precisión.

4. Visualización web

Para un primer prototipo, combina una librería de mapas con tiles base y capas vectoriales. Habilita búsqueda por municipio y filtros por rango temporal para detectar tendencias.

5. Indicadores clave

Define KPIs accionables: accesibilidad a servicios, densidad turística, producción renovable y tiempos de respuesta. Cada indicador debe trazar su método y supuestos.

6. Rendimiento y accesibilidad

Usa simplificación geométrica, carga diferida y compresión. Garantiza contraste, etiquetas legibles y navegación por teclado. El mapa debe ser útil en móvil.

7. Ética y privacidad

Evita microagregación reidentificable y aplica anonimización. Revisa licencias y reconoce a las fuentes públicas españolas.

Un mapa inteligente no es solo capas bonitas; es una herramienta de diálogo en español entre datos y decisiones. Empieza pequeño, mide impacto y itera.